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May 24

Aprobada una moción de Amaiur sobre los niños de la guerra

 

MADRID, (EUROPA PRESS) –

El Pleno del Senado ha aprobado este miércoles una moción presentada por Amaiur en la que se insta al Gobierno a reconocer a los niños vascos que sufrieron una “evacuación forzada” a Reino Unido por los bombardeos durante la Guerra Civil. La propuesta ha obtenido el apoyo de todos los grupos salvo del PP, que se ha abstenido y ha aprovechado para pedir a la formación abertzale que reconozca también “el dolor de todos los niños”, también los que han sufrido el terrorismo de ETA.

El senador de Amaiur Alberto Unamunzaga, perteneciente a EA, ha defendido esta moción –que ha leído primero en euskera y luego en castellano– coincidiendo con el 75 aniversario del bombardeo de Gernika, uno de los hechos que motivó la salida de 3.840 niños vascos en dirección a Reino Unido.

La moción de Amaiur pide al Gobierno que reconozca “en este aniversario la pérdida, el dolor y sufrimiento padecido por los llamados ‘niños vascos’ y sus familias como consecuencia de su evacuación forzada al Reino Unido”, así como “reconocer y saludar la labor solidaria realizada por las instituciones, sindicatos, asociaciones, fuerzas políticas así como ciudadanos ingleses, galeses y escoceses del Reino Unido para con los ‘niños vascos’ y sus familias”.

Al texto original se ha añadido una enmienda del PNV en la que se incluye también el reconocimiento a todos los países que acogieron niños españoles evacuados durante la Guerra Civil, no sólo vascos. También se ha incluido la enmienda del Grupo Socialista, que pide colaborar con las comunidades autónomas para contribuir a la preservación de los archivos de los ‘Niños del 37’ en la Universidad de Southampton (Reino Unido), además de “trasladar el reconocimiento por la labor y el trabajo desempeñado a la Basque Children of 37 Association UK y otras “como ejercicio de dignificación y memoria”.

NO REPETIR ERRORES

Para la vicepresidenta segunda del Senado y senadora socialista, Yolanda Vicente, el asunto al que se refiere esta moción es de un “importante calado histórico y sentimental”, por lo que, a su juicio, su aprobación “no es baladí para no repetir errores”.

Vicente ha subrayado que el País Vasco está “viviendo un tiempo histórico para la convivencia, para construir el futuro”, pero ha remarcado que “no se puede hacer sin la memoria de lo ocurrido en la Guerra Civil, la dictadura, la transición y hasta nuestros días”.

“Hay que leer todas las páginas de nuestra historia para buscar caminos con los que construir un futuro en libertad. No es tiempo de tener fisuras, es el tiempo de construir, siempre desde la memoria”, ha destacado, por lo cual ha afirmado que apoyar la moción de Amaiur es “un ejercicio de dignificación de la sociedad democrática”.

En opinión del senador del PNV Iñaki Anasagasti, “existe una historia silenciada y manipulada” y es necesario que la opinión pública conozca lo que ocurrió y que “no se puede volver a repetir” porque “quien no conoce la historia está condenado a repetirla”.

Por ello, Anasagasti ha animado a que “desde todas las sensibilidades se recuerde la tragedia” de los niños exiliados durante la Guerra Civil, ya que, a su juicio, “la vida es algo más que la crisis y el G-8”.

EL PP CUESTIONA AL AUTOR, NO LA MOCIÓN

Aunque ha apoyado estos argumentos para que este episodio de la Historia “no se vuelva a producir”, el senador del Grupo Popular Ramón Rabanera ha justificado la abstención de su partido en la votación de la moción no por el fondo de la misma, con el que ha dicho estar de acuerdo, sino por la formación política que la ha presentado.

Rabanera ha dicho a Unamunzaga que hay que hacer un “reconocimiento del dolor de los niños, pero de todos los niños”, por lo que ha pedido a sus compañeros de Amaiur una “condena taxativa” del terrorismo de ETA. “Cuando traigan una moción que atienda al dolor de todas las víctimas de todas las guerras y del terrorismo, tendrán nuestro apoyo. No cuestionamos el fondo de la moción, sino a los autores de la misma para defender temas relacionados con los Derechos Humanos”, ha indicado.

Dirigiéndose a Unamunzaga, que le escuchaba desde su escaño, ha reconocido que tanto él en concreto como el partido al que pertenece, EA, ya han condenado a ETA, pero ha insistido en que el terrorismo “ha dejado centenares de huérfanos” y las fuerzas políticas aún están “esperando a que Amaiur haga una condena tajante y taxativa”, tras lo cual ha recibido los aplausos y felicitaciones de su grupo parlamentario.

 

Esta es la transcripción del debate:

 

MOCIÓN POR LA QUE SE INSTA AL GOBIERNO A LA ADOPCIÓN DE DIVERSAS MEDIDAS DE RECONOCIMIENTO EN RELACIÓN CON LOS LLAMADOS “NIÑOS VASCOS” Y SUS FAMILIAS COMO CONSECUENCIA DE SU EVACUACIÓN FORZADA AL REINO UNIDO EN MAYO DE 1937.

(Núm. exp. 662/000024)

AUTOR: GPMX

 

            El señor PRESIDENTE: Pasamos a la siguiente moción. (Rumores.)

            Señorías, ruego silencio, por favor. (Pausa.)

            Moción del Grupo Parlamentario Mixto por la que se insta al Gobierno a la adopción de diversas medidas de reconocimiento en relación con los llamados “niños vascos” y sus familias como consecuencia de su evacuación forzada al Reino Unido en mayo de 1937.

            A esta moción se han presentado dos enmiendas, una del Grupo Parlamentario Socialista y otra del Grupo Parlamentario Vasco en el Senado.

            Para la defensa de la moción, tiene la palabra por tiempo de quince minutos el senador Unamunzaga.

 

            El señor UNAMUNZAGA OSORO:

 

            Muchas gracias, señor presidente.

            Buenos días, señorías. Amaiur presenta esta moción en este año en el que se celebra el 75 aniversario de diversas tragedias. Recientemente, Gernika celebraba el aniversario de la terrible masacre padecida por parte de la aviación alemana en colaboración con las fuerzas golpistas del general Franco. Al mismo tiempo, otras localidades del País Vasco, como Durango o Éibar hacían lo mismo.

            Los aviones nazis de la Legión Cóndor bombardearon Gernika en abril de 1937 y ese año, hace 75 años, la situación que padecieron los pueblos leales a la República fue especialmente desgraciada, sobre todo, para los niños.

            Y entre estos sucesos hemos de referirnos a la situación de los niños y niñas vascos que vivían en la zona leal a la República, en un contexto en el que se produjeron crímenes de guerra y lesa humanidad contra la población, públicamente anunciados por los militares alzados: si vuestra sumisión no es inmediata arrasaré Vizcaya, empezando por las industrias de guerra. Tengo medios sobrados para ello –amenazaba el general Mola-.

            En esta situación es cuando el Gobierno vasco apeló a las naciones extranjeras para que diesen asilo temporal a los niños y niñas vascos. Esta solicitud fue respondida desde el Reino Unido. La duquesa de Atholl, presidenta del National Joint Committee for Spanish Relief, junto con Eleanor Rathbone, Leah Manning y otros, dirigió la campaña para presionar al Gobierno para que aceptase a los niños vascos bajo la inspiración del liberal Wilfrid Roberts.

            Finalmente, el Gobierno otorgó el permiso. Jugó en ello un importante papel el cónsul británico en Bilbao Ralph Stevenson. Se formó, asimismo, un comité para los niños vascos, de carácter privado, con el fin de garantizar diez chelines por semana para el cuidado y educación de cada niño. Sindicatos, miembros del partido comunista, laborista o liberales, fundaciones filantrópicas, etcétera, colaboraron. Los niños, tras muchas gestiones, salieron para Gran Bretaña en el vapor Habana el 21 de mayo de 1937, hace ahora 75 años. A cada niño se colgó en la ropa un disco de cartón hexagonal con un imperdible en el que llevaba impreso un número identificativo junto a las palabras “Expedición Inglaterra”. El barco, con capacidad para 800 pasajeros, llevaba 3840 niños a bordo, 80 maestros, 120 ayudantes, 15 curas católicos y 2 médicos. Los niños iban apilados en el barco y durmieron donde pudieron, incluso en los botes salvavidas.

            Tras un viaje extremadamente agitado al atravesar el golfo de Vizcaya, el vapor arribó a Southampton el 23 de mayo, justo hoy se cumplen 75 años de este hecho. Muchos de ellos no volverían a ver más a sus padres, madres, hermanos o tíos. De allí, los niños fueron trasladados en autobuses a los campamentos. La idea era que fueran dispersados en hogares o colonias tan pronto como fuera posible. Poco a poco, desde finales de mayo y durante todo el verano, los niños fueron abandonando en grupos los campamentos para dirigirse a otros hogares situados en todo el país y cuyo funcionamiento correría a cargo de voluntarios individuales, así como grupos de diversas iglesias, sindicatos y otras agrupaciones interesadas en Inglaterra, Gales e incluso Escocia.

            Tras la caída de Bilbao y la captura del resto del País Vasco por las tropas franquistas, comenzó el proceso de repatriación; un proceso que fue arduo y difícil. Para principios de la II Guerra Mundial, en 1939, la mayoría de los niños habían regresado a su hogar, aunque para algunos esto supusiera una experiencia terrible. Algunos no hablaban su idioma materno, otros habían olvidado a sus padres, no podían acostumbrarse a las restricciones existentes, otros marcharon a terceros países para un largo exilio. Los aproximadamente 400 que permanecieron en Gran Bretaña o habían elegido quedarse –si tenían más de 16 años, tenían esa opción- o se habían quedado porque sus padres habían muerto, estaban en prisión o desaparecidos no tenían a nadie esperándolos.

            En 1945 quedaban todavía más de 250 niños en Gran Bretaña, muchos de los cuales se establecieron definitivamente en Inglaterra, Gales o Escocia, a menudo tras haber contraído matrimonio con personas locales, y allí pasarían el resto de sus vidas. Para estos, la consigna invariable de sus padres al despedirse en el muelle de Bilbao “Solo serán tres meses”, se convirtió en una vida entera.

            Este mayo de 2012 se celebra el 75 aniversario de esta sangrante epopeya de unos niños y niñas a los que el fascismo cambió sus vidas. Y, visto todo esto, es por lo que desde Amaiur hemos presentado esta moción. Una moción de mínimos en la que pretendemos aunar voluntades y proceder a reconocer, desde esta Cámara y en el mismo día en el que se cumplen 75 años de su llegada a Southampton, la pérdida, el dolor y el sufrimiento padecido por los llamados “niños vascos” y sus familias como consecuencia de su evacuación forzada al Reino Unido por los indiscriminados ataques a la población vasca por parte de las fuerzas sublevadas en mayo de 1937. Y también, pretendemos reconocer y saludar la labor solidaria realizada por las instituciones, sindicatos, asociaciones, fuerzas políticas, así como ciudadanos ingleses, galeses y escoceses del Reino Unido, para con los niños vascos y sus familias.

            Por todo ello, señorías, pido a los grupos de esta Cámara un voto afirmativo a esta iniciativa.

            Mila esker. Muchas gracias.

 

            El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, senador Unamunzaga.

            Pasamos a la defensa de las enmiendas.

            Para la defensa de la enmienda del Grupo Parlamentario Socialista, tiene la palabra la senadora Vicente.

 

            La señora VICENTE GONZÁLEZ: Muchas gracias, señor presidente.

            Señorías, utilizo este turno para explicar la propuesta de enmienda que presentamos desde el Grupo Parlamentario Socialista a la moción que nos ha planteado el portavoz del Grupo Parlamentario Mixto, el senador Unamunzaga, relativa a los niños exiliados.

            Este tema tiene un importante calado histórico y sentimental y por eso creo que no es una cuestión baladí, si no queremos repetir viejos errores, recordar esta desgraciada historia. Quiero enmarcar las circunstancias bélicas que se vivieron hace 75 años para dignificar la memoria y hacer que esta parte triste y dolorosa de la historia no forme parte del olvido.

            Ramón Rubial decía que el bombardeo de Guernica –ahora, como bien se ha dicho, también se cumplen 75 años- ha sido uno de los sucesos que han conmovido y sublevado más a fondo la conciencia de nuestro siglo, y tenía razón. Y es que la destrucción de Guernica, el horror que supuso el bombardeo y la destrucción provocó el masivo exilio infantil del que hoy estamos hablando. Paz ahora, paz antes y paz siempre. Este es el sueño que muchos niños anhelaron y que no pudieron ver cumplidos por el sufrimiento de una brutal y cruel guerra civil española; niños que son nuestro orgullo, que son parte de nuestra historia. Un total de 50 000 menores de diferentes provincias, según los expertos, que tuvieron que exiliarse durante la Guerra Civil española, y como si de una excursión se tratara, acabaron haciendo su vida en el Reino Unido, en Francia, en Bélgica, en Rusia y en Iberoamérica. Países estos a los que no podemos dejar de agradecer que los acogieran con la intención de pasar allí el periodo de guerra.

            La mayoría de ellos volvieron, como la pasajera 1309, la primera pasajera de La Habana, una niña de 14 años que se llamaba Karitza Olariaga Basterra; otros, como Herminio, no volvieron nunca más. Fueron niños a los que la democracia ha tardado muchos años, demasiados, en reconocer, pero gracias al acuerdo unánime de todos los grupos parlamentarios finalmente en el año 2005 les fue concedida una prestación económica como símbolo del reconocimiento a los valores de paz, democracia y justicia social, saldando así una deuda con esa parte de la historia. Eran niños fundamentalmente vascos, sí, como los casi 4000 que un 21 de mayo de 1937 salieron del puerto de Santurce y que son el fundamento de esta moción; niños vascos, decía, que salieron en un barco llamado La Habana hacia un lugar lejano llamado Southampton, pero no podemos olvidar a otros niños de otros lugares, niños asturianos, catalanes, valencianos y quizá de alguna otra provincia que embarcaron rumbo a lo desconocido debido a la guerra, a la lucha por la libertad y en nombre de una legitimidad que les fue arrancada.

            Hace unos días, gracias a personas como Manuel Moreno, Natalia Benjamín, Carmen Kilner o el propio Herminio Martínez que, o bien lo vivieron en primera persona o son hijos de aquellos “niños”, se conmemoró, junto al embajador de España en el Reino Unido y una delegación vasca encabezada por la portavoz del Gobierno vasco, el 75 aniversario del exilio de los niños que salieron en 1937. Se realizó una exposición en Southampton que recorrerá otros países y que muestra una recopilación de documentos oficiales, material fílmico, canciones, dibujos, etcétera. Relatos de niños y niñas que han pasado de generación en generación, documentos que preservan la memoria de aquel tiempo, memoria recopilada con el apoyo de las instituciones, de las comunidades autónomas, y estoy segura también que del propio Gobierno de España, con la intención de dejar un recuerdo imborrable para el futuro.

            Por eso el Grupo Parlamentario Socialista considera que, como servidores públicos que somos, queremos y debemos extender este reconocimiento a todos estos “niños” de la guerra de diferentes provincias, estos niños ahora octogenarios, estos niños que se llamaban olvidados, y extender la labor que han realizado tantas asociaciones para preservar la memoria de la sinrazón. Y es que creo firmemente que debemos coger el testigo para difundir la historia, una historia sin sesgos, porque es importante mantener viva la llama de la memoria sin perder de vista el pasado a través del retrovisor, pero a su vez mirando siempre al futuro.

            Señorías, espero que nuestra enmienda sea aceptada y que sigamos caminando por la senda de la memoria. Hoy nos toca con los niños del 37, pero estoy segura de que algún día el libro de nuestra memoria se podrá leer de forma completa.

            Gracias. (Aplausos.)

 

            El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, senadora Vicente.

            Para la defensa de la enmienda del Grupo Parlamentario Vasco en el Senado tiene la palabra el senador Anasagasti.

 

            El señor ANASAGASTI OLABEAGA: Muchas gracias, señor presidente. Intervendré desde el escaño.

            Tras escuchar la magnífica intervención de la senadora Vicente, la nuestra queda un poco escasa. En primer lugar nosotros proponemos, cuando se dice …forzada del Reino Unido, añadir: … y de otros países, y en segundo lugar, “ciudadanos de otros países”. ¿Y ello por qué? Pues porque no solo hubo niños vascos, sino que también los hubo asturianos y catalanes, que también fueron aventados por la guerra. Por ello consideramos que la moción es procedente, pero quizá con este añadido.

            Así pues, hacemos nuestras las palabras de la senadora Vicente y esperamos que acepten esta enmienda de adición.

            Muchas gracias, señor presidente.

 

            El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, señoría.

            A continuación tiene la palabra el senador Unamunzaga para indicar si acepta o no las enmiendas.

 

            El señor UNAMUNZAGA OSORIO: Sí, señor presidente, muchas gracias.

            En primer lugar, agradecemos tanto al Grupo Vasco como al Grupo Socialista el haber presentado esas enmiendas. Como bien he señalado, nuestro texto era el de una moción de mínimos, una moción que pretendía aunar voluntades; precisamente por eso no hay ningún problema y, evidentemente, aceptamos ambas dos enmiendas.

            Gracias.

 

            El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, señor Unamunzaga.

            Pasamos al turno de portavoces.

            Vuelve usted a tener la palabra, senador Unamunzaga. (Denegación.)

            Gracias.

            Por el Grupo Parlamentario Vasco, tiene la palabra el senador Ansagasti.

 

            El señor ANASAGASTI OLABEAGA: Muchas gracias, señor presidente.

            Este año 2012 está marcado por lo que ocurrió hace 75 años, en 1937, como ha dicho el senador Unamunzaga, y es que 75 años son muchos años, pero es también una fecha redonda que permite recordar lo que se ha impedido recordar en los últimos 75 años. Seguramente se dirá que ya está bien de remover el pasado, y la acusación sería procedente si este pasado se conociera y de tal conocimiento se hubiera reconocido lo que supuso aquella inmensa tragedia: vidas destrozadas, familias deshechas, robos, bombardeos… En definitiva, miles y miles de víctimas de un terrorismo cruel y sanguinario que marcó y sigue marcando a varias generaciones.

            Hace poco preguntábamos en esta Cámara qué iba a hacer el Gobierno para recordar el 75 aniversario del bombardeo de Gernika, y se recordó, sí, pero solo en Gernika y afortunadamente con el recuerdo de la petición de perdón de un presidente alemán que nada tuvo que ver con aquel bombardeo, pero se sintió concernido ya que su Estado, el alemán, el del Reich, con un loco al frente, fue el responsable de aquella prueba aérea, de una aviación estudiando cómo se podía bombardear una población abierta desde el aire y encima echar la culpa a las propias víctimas, que tuvieron que aguantar en silencio aquella infamia. Pero curiosamente tuvo esos días más importancia el centenario del hundimiento del Titanic que algo que incluso se ha convertido en una denuncia mundial contra las guerras, como es el cuadro “Guernica”, de Pablo Picasso, y cuya copia preside el acceso al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en Nueva York –por algo será.

            Nos encontramos, pues, ahora ante una moción que recuerda el éxodo de aquellos niños cuyos padres, preocupados, asustados y espantados ante lo que podía venir a su familia, prefirieron mandarlos al exterior, separarse, quizá definitivamente de ellos, antes de que corrieran la misma suerte que los niños de Gernika -pónganse ustedes en su lugar-. Y se podrá decir que no solo en Euskadi pasaron estas barbaridades, es verdad, pero ocurrieron, y ojalá como gota de agua se recordaran aquí hechos ciertos de toda aquella inmensa tragedia, por la sencilla razón de que en décadas no se ha podido hablar de ello y existe una historia distorsionada, silenciada, manipulada, machacada. Y si la democracia es un régimen de opinión pública, la opinión pública debe saber que esto ocurrió y que jamás ha de volverse a repetir. Como decía Raimon, si no rompemos el silencio moriremos todos en silencio.

            A esta loable iniciativa, que nuestro grupo apoyará, hay que añadirle que no solo estos 4000 niños, como se ha reconocido –repito la cifra por su enormidad, 4000 niños-, fueron a Inglaterra, sino que también fueron a México, a Rusia, a Bélgica, a Suiza, a Francia, y también hubo niños de otros lugares que tuvieron que marcharse de mala manera. Permítanme que cuente la historia de mi propia familia: dos hermanas de mi padre y una de mi madre a Bélgica; la madre y el padre de mi mujer y un tío de ella. En una misma familia tenemos seis niños que durante toda su vida nos han ido contando de manera obsesiva lo que vivieron y lo que supuso para ellos en aquel campo cerca de Londres oír por la megafonía cómo había caído Bilbao el 19 de junio de 1937, hará ahora 75 años, en manos de aquellos militares que se habían sublevado contra la república. Sus padres veían con horror cómo el consejo de sanidad, republicano, Alfredo Espinosa, capturado en la playa de Zarauz tras su piloto una avería en el avión, fue fusilado junto al poeta Lauaxeta –por llamarlo así, el García Lorca vasco- y al presidente de Unió Democràtica de Catalunya, don Manuel Carrasco i Formiguera por el inmenso delito que aquellos se inventaron: auxilio a la rebelión. Y permítame también un apunte histórico que a ustedes quizás les suene: que el empresario sir Ramón de la Sota, que prestó sus barcos para la evacuación de aquellos 4000 niños, murió en agosto de 1936 y sin embargo fue juzgado post mórtem, incautados todos sus bienes y multado con cien millones de aquellas pesetas y robada toda su flota. Y a los famosos barcos “Mendis” se les se cambió el nombre traduciéndolo –los Artagan, Gorbea, Artxanda, etcétera- por “Montes”, persiguiendo también el euskera hasta de las tumbas. La sociedad inglesa ha recordado esta efeméride en Southampton hace quince días, con presencia de diplomáticos de la embajada española. Los niños de la guerra que fueron a Rusia han sido reconocidos estos años. Setenta y cinco años después quedan ya muy pocos vivos.

            Vuelvo a repetir que aquella no fue la única tragedia. Sabemos que en toda España hubo muerte y terror por ambas pares, pero esto no es óbice para que estos hitos se recuerden, porque quien no conoce la historia −y no se conoce, a pesar de lo que se diga, no se conoce la historia, porque nos la han hurtado− está condenado a repetirla. Esto no es revolver en el cubo de la basura de la historia, esto es simplemente hacer un mínimo de justicia con aquella generación que ha muerto rodeada de silencio.

            Y, por eso, animamos a que no solo desde el nacionalismo vasco, sino desde todas las sensibilidades se recuerden estos fragmentos de historia, para que la llama de aquel holocausto no se apague por el día a día, la falta de perspectiva y la obsesión por la prima de riesgo. La vida es algo más que la crisis del G8 y la retahíla que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. En esta moción, afortunadamente, no se pide venganza, sino una escalera para ir subiendo peldaño a peldaño el relato de una tragedia que jamás se ha de volver a repetir y el reconocimiento a aquellas víctimas del terrorismo tengan su debido reconocimiento.

            Muchas gracias, señor presidente. (Aplausos.)

 

            El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, senador Anasagasti.

            Por el Grupo Parlamentario Entesa pel Progrés de Catalunya, tiene la palabra el senador Saura.

 

            El señor SAURA LAPORTA:

 

            Gracias, señor presidente.

            Nuestro grupo va apoyar esta moción y vamos a votar afirmativamente el contenido de la misma.

            Muchas gracias.

 

            El señor PRESIDENTE: Gracias, senador Saura.

            Por el Grupo Parlamentario Catalán en el Senado Convergència i Unió, tiene la palabra la senadora Cunyat.

 

            La señora CUNYAT BADOSA:

 

            Buenos días, muchas gracias, presidente.

            Señorías, voy a anunciar también nuestro voto a favor de la moción y añadirnos al reconocimiento, no solo hacia a los afectados del caso vasco, sino también a todos los ciudadanos del Estado que se vieron afectados de una forma u otra por estos hechos brutales.

            Muchas gracias.

 

            El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, senadora Cunyat.

            Por el Grupo Parlamentario Socialista, tiene la palabra la senadora Vicente.

 

            La señora VICENTE GONZÁLEZ: Gracias, señor presidente.

            Señorías, decía Elie Wiesel, premio Nobel de la Paz y superviviente del Holocausto nazi, que ser indiferente al sufrimiento de los demás es lo que hace al ser humano ser inhumano. La indiferencia, después de todo, es más peligrosa que el odio.

            Este debate de hoy trata sobre los niños inocentes de una guerra civil, los niños del 37 −niños a los que desgraciadamente la democracia ha tardado mucho en reconocer−, que lloraban a sus madres cuando les subieron en un barco y que ni siquiera las familias sabían muy bien el destino que les deparaba, o cuando volvería, aunque siempre con la esperanza de volverlos a encontrar. El relato de esos niños de hace setenta y cinco años nos debe servir para mirar al pasado, para comenzar a leer las páginas de nuestra historia y seguir y continuar leyendo las, hasta ahora, más recientes, descartando visiones parciales y sesgadas o falsas. Demasiados tristes relatos tiene nuestra historia −en la guerra civil, en la dictadura, en la transición, e, incluso, en la democracia−, relatos que han pasado de generación en generación y que por el bien de generaciones venideras es necesario preservar su memoria, cuidar todas las piezas del puzzle de la historia. Qué lejos quedan ya las bombas, el exilio, los rostros desencajados por el dolor y el sufrimiento, ese reguero de crueldad que deja la intolerancia y el totalitarismo cuando hacen causa común contra la humanidad.

            La destrucción y el bombardeo de Gernika inspiró a Pablo Picasso a plasmar en un cuadro el dibujo de una paloma y el horror que supuso para la población civil, una paloma que fue el símbolo de la paz, antes, pero que es también el símbolo de la paz en nuestros días. Borrar parte de nuestra memoria sería no solo un insulto al arte, desde luego, sino también un insulto a la inteligencia. Es verdad que estamos viviendo un momento histórico en Euskadi y en España para asentar la convivencia en nuestro país. Estamos viviendo un tiempo de memoria necesario para la convivencia y para construir el futuro. Y es que, señorías, permítanme decirles que no podemos plantearnos hoy, en pleno siglo XXI, asentar la convivencia de este país sin tener presente la memoria de lo ocurrido en la Guerra Civil, en la posguerra, en la transición hasta llegar a nuestros días. Por eso, considero que es importante el debate de hoy, en el que abrimos el libro para recordar a tantos niños de la guerra, a tantos niños exiliados a los que la democracia tardó en reconocer; para agradecer a aquellos países y a las familias que los acogieran su solidaridad con quienes tuvieron que decir adiós a los suyos. Esto es lo que hoy nos toca: el reconocimiento moral desde esta institución, el Senado, a todos aquellos que sufrieron el exilio de la Guerra Civil.

            Recuerdos, cartas y fotografías nos permiten guardar un tesoro y ofrecer a nuestros hijos el legado de nuestra historia. Pero hay que leer con detenimiento todas las páginas de nuestra historia una a una, hasta las más recientes, para buscar caminos sobre los que construir un futuro compartido y en libertad.

            Señorías, no creo que este debate sea motivo de discrepancia. Hoy es más importante el reconocimiento y la solidaridad, sin odios. Nadie puede ser indiferente ante el dolor, el exilio o la sinrazón. El relato de estos niños se sumará seguramente a las experiencias de más niños que también han sufrido en la posguerra, en la dictadura o, incluso, en la democracia. Pero no es tiempo de fisuras, no es tiempo de diferencias, sino tiempo de construir, siempre desde la memoria, tal y como estamos haciendo hoy.

            El senador Unamunzaga ha aceptado la propuesta del Grupo Parlamentario Socialista, que extiende el reconocimiento -como no puede ser de otra manera- al exilio de los niños de otras provincias y no solo de los vascos, así como el agradecimiento a otros países –Francia, Bélgica, Rusia, Iberoamérica-, o a las instituciones -comunidades autónomas y Gobierno central- que han colaborado para preservar y difundir los archivos de la memoria de los niños exiliados. Asimismo, hacemos extensible el reconocimiento a la labor de tantas y tantas asociaciones que han trabajado por preservar este legado.

            Por ello, anuncio que el Grupo Parlamentario Socialista votará favorablemente esta moción. Se trata de un ejercicio de dignificación y memoria de la sociedad democrática para con los niños que fueron desplazados en su infancia al extranjero como consecuencia de la Guerra Civilespañola. Considero que no es una cuestión baladí. No es el momento de abrir heridas, no es el momento de crear discrepancias; creo que es el momento de construir, y allí siempre encontrarán al Partido Socialista. Es el momento de pasar las páginas de nuestra historia, eso sí, leyendo cada una de ellas. Es importante que todos los hagamos.

            Por ello, y sin perder el retrovisor de la memoria compartida de todo lo ocurrido, pero siempre mirando al futuro, votaremos a favor de esta moción, como reconocimiento a esta triste y dolorosa parte de la historia. Como he dicho antes –aunque me parece importante volverlo a resaltar-, habrá un día que futuras generaciones podrán leer la historia de este país de manera completa, sin sesgos. Ese día será el del triunfo de la democracia, el triunfo de todos. Hasta ese día, tendremos que hacer muchos más reconocimientos y recuerdos como el que está teniendo lugar hoy en el Senado.

            Termino mi intervención como he empezado, con las palabras del premio nobel de la paz que decía: ser indiferentes al sufrimiento es ser inhumanos.

            Señorías, no podemos ser indiferentes a la memoria, y mucho menos en esta democracia en que vivimos. Por esta razón votaremos a favor de la moción, pues hoy no es día de discrepancias; en todo caso, es día de recuerdo.

            Muchas gracias. (Aplausos en los escaños del Grupo Parlamentario Popular en el Senado.)

 

            El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, senadora Vicente.

            Por el Grupo Parlamentario Popular, tiene la palabra el senador Rabanera.

 

            El señor RABANERA RIVACOBA: Gracias, señor presidente.

            Señor Unamunzaga, señor Anasagasti, señora Vicente, en primer lugar, tengo que agradecerles el tono y la formas en estos temas, que muchas veces no sabemos como empiezan y acaban bastante mal.

            Mi intención es hacer una defensa de lo que es el fondo de la moción, por supuesto, pero diciendo quienes son los autores de dicha moción, que es muy importante destacar. Y ya que recordamos los 75 años —y está bien recordarlo— del bombardeo de Gernika, del horror que ocurrió en Durango, del horror en diversas poblaciones vascas, también hay que recordar que hace 75 años —precisamente en el día de ayer— hubo también un horror en Pamplona, en donde mediante un bombardeo indiscriminado fallecieron varios ciudadanos, entre ellos diversos niños. Y eso viene a indicar que la guerra es terrible y, como muy bien decía el señor Anasagasti, en un lado y en el otro se producen acontecimientos deplorables que tenemos que condenar.

            Por eso mi intervención viene en la línea de decirles a ustedes que, aunque no vamos a apoyar esta moción, sí creo en el fondo de ella. No me gusta el que la trae, sí me gusta su contenido.

            Y les puedo asegurar que no soy sospechoso de ser parcial. Y les voy a decir por qué no soy sospechoso de ser parcial. Al cabo de 30 años de gobiernos diferentes en la Diputación Foral de Álava, en donde había gobiernos, sobre todo del Partido Nacionalista Vasco y también del Partido Socialista —me acuerdo ahora en mi homenaje a Fernando Buesa—, fue este diputado general el que honró y homenajeó al que en su momento fue diputado general en la época de la República y que fue fusilado de una forma injusta. Y fue este diputado general el que lo hizo. Por eso no voy a aguantar ningún tipo de insinuaciones que crean en mi parcialidad. Yo reconozco el dolor, sea del lado que sea; y lo que sí quiero hacer e insistir es que lo que tenemos que intentar entre todos es que ese dolor no se vuelva a producir.

            Sí me gustaría señalar que este tipo de actos de reconocimiento del dolor causado a lo largo de la historia nos debe servir a todos como recordatorio para que actos semejantes no vuelvan a suceder, buscando entre todos la convivencia en la diversidad, como en esta Cámara. Pero lo que no podemos consentir es que de pronto haya una especie de memoria histórica selectiva. Y lo que tenemos también que evitar es que por estas iniciativas —que, vuelvo a insistir, agradezco el tono del señor Unamunzaga— resurjan viejos fantasmas y nos lleven a buscar culpables y venganzas. Eso nada nos beneficia a nadie.

            Este tipo de iniciativas lo que debe hacer es servir para alejar las confrontaciones, los desagravios y que nos recuerden a diario que hechos semejantes no podemos permitir que se repitan. Esa es nuestra gran responsabilidad. Y hoy más que nunca, en el que el monstruo del terror en el País Vasco parece disipado, en un momento en el que vivimos un soplo de esperanza e ilusión sin lacras terroristas que nos persigan, ahora más que nunca debemos comprometernos a que tales hechos no puedan volver a nublar nuestro país con hilos de sangre y de desgracia para los ciudadanos.

            Y, en este caso que nos ocupa, que son los llamados niños vascos, los más desprotegidos, lo más preciado que tiene un país hay que decir que, por desgracia, hay más niños vascos desprotegidos o ha habido más huérfanos. Y no hay que utilizar una memoria selectiva, como hacen algunos; existe también una historia más reciente en el que el terrorismo de ETA ha dejado una larga lista de viudas y huérfanos cuyas vidas quedaron marcadas, como les he señalando anteriormente. Y, en su actividad criminal, la banda terrorista ETA —como bien saben ustedes, y también el grupo proponente y el señor Unamunzaga— ha dejado centenares de huérfanos y, hasta en ocho ocasiones, la banda asesinó a matrimonios dejando a sus hijos huérfanos de padre y madre; y estamos por esperar que la agrupación Amaiur haga una condena tajante y taxativa de esos acontecimientos. (Aplausos.) Y yo sé, señor Unamunzaga, y no tengo la menor duda de que usted sí lo ha hecho y su partido político, también. Por eso, le pido en estos momentos que tenga un grado de convencimiento para que los compañeros de su agrupación también lo hagan, como lo han hecho ustedes.

            Por tanto, creo que ha habido otras tragedias como las de los niños vascos, causadas esta vez por la banda terrorista ETA, y creo que es necesario recordarlo, pues en muchas ocasiones algunos se acuerdan más de hechos pasados, ignorando los más actuales y utilizando una memoria selectiva, porque más de 23 niños fueron asesinados por ETA.

            Por todo ello, me uno al sufrimiento de aquellos llamados niños vascos, que abandonaron nuestro país en unas circunstancias víctimas de la guerra, el horror y la sinrazón, pero también me uno, y quiero que ustedes se unan, ustedes, al sufrimiento de otros tantos niños que han visto cómo su inocencia, una de las características más bellas de la infancia, ha sido extinguida por actos de terrorismo indiscriminado.

            Ante lo expuesto y sobre todo por motivos de solidaridad, quisiera hacer también partícipe en mi sentimiento de reconocimiento, como se hace en esta moción y como han hecho ya los diversos portavoces, a todas aquellas personas que de una manera solidaria y sin buscar ningún rédito personal ni económico han ayudado, ayudan y ayudarán a los niños y niñas que por diversos motivos ven cómo sus circunstancias en la vida son complicadas y difíciles, con la inseguridad que ello conlleva para uno de los colectivos más vulnerables de la sociedad, y ahí están presentes los ejemplos que se mencionan en la exposición de motivos de su moción.

            Considero que el llamado caso de los niños vascos es otro de esos momentos sobre los que debemos echar la vista, pero no para buscar culpabilidad, sino teniendo en cuenta que tales hechos nunca más se deben repetir. En ello está –vuelvo a insistir- nuestra gran responsabilidad como políticos que somos. Y si estos niños recibieron las atenciones necesarias en tierras inglesas, galesas y escocesas gracias a la solidaridad de personas altruistas que lo único que deseaban era dar cobijo y cariño a unos menores que, por el horror de la guerra, lo necesitaban y demandaban, para ellos nuestro más sentido agradecimiento, para las personas que incluso de algunas desconocemos nombre y apellidos pero supieron sobreponer la solidaridad y la ayuda al más desvalido antes que requerir cualquier tipo de reconocimiento –y eso ha sido así-; para aquellas personas e instituciones que hace 75 años acogieron a 3840 niños, que no buscaban ser nombrados o reconocidos, no buscaban una placa –aunque ya la tienen en diversos lugares- o una mención, porque solo perseguían el bienestar de esos menores en un momento de extrema dureza en España. Por eso, este reconocimiento es de justicia y nos sumamos a este homenaje.

            Me gustaría terminar con una reflexión que, no por haber sido ya considerada en esta exposición, voy a dejar de insistir en ella. El reconocimiento al dolor causado a los niños, sí, pero a todos los niños; homenaje a todos aquellos que hicieron posible una atención humanitaria, sí; y también que la memoria –la más próxima, como antes he dicho- nos valga para defender con más ahínco la convivencia, la defensa de la democracia y los principios democráticos, frente a la intransigencia, la violencia, el enfrentamiento y el odio, pero también exigimos por parte del grupo proponente una condena ante lo que ha pasado en estos últimos años.

            Señor Unamunzaga, yo le pido que sus compañeros de Amaiur hagan una condena taxativa y contundente de lo que ha sido la historia del País Vasco en estos años, no solo la de hace 75 años, y se lo digo con toda sinceridad. Le puedo asegurar que en mi intención no hay ningún intento de perjudicarle; al contrario, estimo lo que ha hecho EA en diversas ocasiones en el País Vasco. Como le he dicho antes, estamos de acuerdo con el fondo de la moción que ustedes han presentado, pero la vemos participar de un dolor selectivo y una parte solo de nuestra historia.

            Por todo ello, no podremos votar a favor de esta moción.

            En todo caso, les aseguro que cuando ustedes traigan a esta Cámara ―y son ustedes quienes la tienen que traer― una iniciativa que en su contenido atienda al dolor de todas las víctimas de las guerras, del terrorismo, así como su condena contará ―no le quepa la menor duda― con nuestro voto favorable, y esta es la mejor reflexión que puedo hacer porque creo que a todos nos vendrá muy bien.

            Por todo lo expresado, anuncio la abstención de mi grupo parlamentario repitiendo que no cuestionamos el contenido de la moción, pero sí a sus autores, que carecen de toda credibilidad para defender, como en este caso, temas relacionados con los derechos humanos. (Aplausos en los escaños del Grupo Parlamentario Popular en el Senado.)

 

            El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, senador Rabanera.

            Llamen a votación. (Pausa.)

            Cierren las puertas.

            Señorías, vamos a votar la moción del Grupo Parlamentario Mixto, con la incorporación de las enmiendas del Grupo Parlamentario Socialista y del Grupo Parlamentario Vasco, que han sido aceptadas.

            Se inicia la votación. (Pausa.)

 

            Efectuada la votación, dio el siguiente resultado: votos emitidos, 238; a favor, 86; abstenciones, 152.

 

            El señor PRESIDENTE: Queda aprobada. (Aplausos.)

 


 

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