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Responsabilidad Social Corporativa

Activismo accionarial

Quiero reflexionar acerca del activismo accionarial, ya que considero que esta práctica tiene muchas bondades, que las considero y en gran medida.
La reflexión es plantearme el cómo conseguir que estas iniciativas dentro de las diferentes empresas sean realmente efectivas, se pueda crear un cambio en las formas de proceder en una empresa. 
La situación del desarrollo del activismo accionarial a nivel estatal es todavía incipiente y, dado que soy de la opinión que no necesariamente un modelo que haya funcionado en otras realidades sociales tiene por qué funcionar en una concreta, hay que proceder a examinar las características de las empresas españolas, el tipo y el modelo de accionistas que se dan en las mismas.
A pesar de ser una realidad muy extendida en el mundo anglosajón, y con muchos años de desarrollo y práctica, no está muy extendida a nivel estatal ya que sólo tenemos unos pocos ejemplos recientes e iniciales, por lo cual no se sabe si es un modelo que puede tener una importancia decisiva en la estructura empresarial española.
Esta situación, sin embargo, si nos permite aventurar que tiene unas posibilidades reales de expansión, una vez visto por parte de las ONG-s que tienen que adecuarse a los tiempos, que las formas de actuación que han tenido hasta ahora deben evolucionar y buscar nuevas formas de servir como elemento de cambio social.
El elemento de innovación y readecuación al entorno es fundamental en las Organizaciones no gubernamentales, porque lo contrario es lo denominado como “morir de éxito” y terminar asimilados e integrados por el sistema una vez logrados unos fines originarios concretos. Ante esto sí considero la propia existencia de las ONG como un elemento fundamental en nuestra sociedad.
La sociedad siempre va en vanguardia a la hora de exigir mejoras para el colectivo, en tanto que las empresas, regidas por los principios de Adam Smith, van a mirar por su propio beneficio. En esta era postmoderna, donde la estructura social y la individual ha sufrido un terrible cambio en los países desarrollados, una pregunta que surge, y que se obvia en el texto, es el papel de las ONG-s en esta realidad. ¿Se han readecuado a las nuevas circunstancias?, ¿Han sido capaces de elaborar nuevas formas de acción?
Ante estas preguntas opino que el activismo accionarial es un ejemplo de las nuevas formas de actuación de las ONG-s, imitando los comportamientos de sociedades como son las anglosajonas, cuyo modelo social es el que se están imponiendo a nivel mundial en las sociedades avanzadas, y es hacia el que está caminando el estado español.
Por lo tanto nos encontramos ante una nueva realidad, con diferentes experiencias, pero hay que ver si esta situación que se está reproduciendo en comparación con los países anglosajones es válida en esta realidad social.
Porque no me preocupa tanto el medio de lograr conseguir la palabra dentro de una junta de accionistas, como que este hecho sea efectivo para plantear los fines planteados y que esta acción sirva tanto para mover a las empresas como para servir de revulsivo para despertar y agitar la conciencia social.
Centrándome en la forma de proceder dentro de las empresas, considero que la labor de las ONG-s no es tanto comprar las acciones como lograr una acción activa por parte de un grupo de accionistas y que estos sean los que deje sus acciones para poder dar la palabra a los miembros de la ONG correspondiente.
Pero este planteamiento choca con la realidad de la conformación de las acciones en muchas empresas del estado, ya que su masa accionarial se compone por paquetes de acciones comprados por otras empresas, en tanto que la compra de acciones se interpreta más como una inversión por parte de los particulares y no tanto para tener una presencia activa dentro de las empresas.
Por lo tanto uno de los retos actuales es lograr activar a esa masa de accionistas particulares para lograr concienciarles, lograr constituir un colectivo proactivo y consciente que se vuelva vigilante y tenga presencia en las siguientes juntas de accionistas. Para lograr este fin son fundamentales las acciones que tengan un reflejo en los medios de comunicación, para que los accionistas minoritarios sean conscientes de esta posibilidad.
Como ya se ve, considero fundamental el papel de los accionistas ajenos a la ONG, lograr sus adhesiones, porque lo demás nos deja ante una mera acción reivindicativa que pueden exponer los miembros de una ONG en los medios de comunicación, pero que puede ser olvidada por el conjunto de la sociedad en pocos días, recordándolo solo aquellos individuos convencidos y militantes en este ámbito.
Sin embargo este tipo de accionariado, tal y como he comentado antes, es minoritario en las empresas estatales, al estar constituida su masa accionarial por otro tipo de accionistas a diferencia del modelo anglosajón.
Por ello debemos centrarnos en la propia situación de los elementos que componen la RSC en las diferentes empresas estatales y ver como les afecta. Ya hemos demostrado en anteriores situaciones que las empresas no ven una masa crítica suficiente que les impulse a adoptar la RSC de una manera más activa para que tenga un efecto inmediato en los resultados de sus ventas, por todo ello, en muchos casos, no se ve como una prioridad incorporada en su agenda de trabajo a la hora de incorporarlo a su proceder de una manera estructural.
Porque el riesgo de las ONG de proceder a integrarse en las propias estructuras de las empresas que se quiere hacer variar su comportamiento es evidente, ya que se pueden convertir en una voz crítica minoritaria que no sea más que eso y no consigue ninguno de sus objetivos y no logra captar más apoyos de los que ella misma tiene. En caso contrario y si la empresa no considera la apuesta por la RSC de una manera estructural y no considera que se puede ver afectada por las noticias que difunda la ONG correspondiente, la posibilidad de lograr un cambio efectivo es muy reducida.
Por lo tanto la clave es no quedarse solo dentro de la masa accionarial, sino utilizar su propia presencia para poder buscar adhesiones no tanto dentro de las más altas estructuras, que sería lo ideal, sino dentro de la propia base accionarial de la empresa, en la medida que esto sea posible, activando su presencia y participación activa en este ámbito.
Así, dado que las empresas son, en muchos aspectos, reticentes a los cambios que no sean dirigidos desde la propia cabeza de la misma, es decir si no se ha considerado la RSC de una manera planificada, definida y estructural, hay que procurar comenzar estos cambios desde la base para lograr este cambio.
El activismo accionarial es, en suma, un elemento complementario implementado por la avanzadilla social que suponen las ONG, avanzadilla en el sentido de estar más avanzados a la realidad y que son motores de cambio en las estructuras más resistentes al mismo, al tiempo que es un elemento más dentro de la propia readecuación de su acción a las nuevas circunstancias para garantizar su validez plena como elemento de encauzamiento de la participación social de los individuos.
La crisis de las ONG a nivel estatal es un hecho, tal y como ya he explicado por el cambio del entorno social, por ello esta es una vía más que válida para, junto con otras formas de actuación, volver a convertirse en referente para la sociedad y dejar a un lado el papel secundario, casi marginal en algunos casos, que les quieren otorgar los estamentos dominantes en el mercado capitalista en el que vivimos.
Pero no quiero concluir dejando el poso que todo es negativo o muy complicado de conseguir. El activismo accionarial no es sólo válido para lograr un cambio, sino también es una vía muy útil para desarrollar una labor de control sobre aquellas empresas que han desarrollado acciones como son las de adquirir una serie de compromisos, como es por ejemplo la adhesión al pacto mundial.
De esta manera se puede realizar una labor de fiscalización no solo a niveles de los medios de comunicación, sino en su misma estructura, planteando lo necesario dentro para poder lograr los efectos inmediatos, y no sólo esperar a ver cómo transcurren desde una perspectiva exterior.
Por todo ello, y a la espera de ver la evolución posterior, y con todos los condicionantes propios del sistema accionarial y empresarial en el estado español, considero todo ello como un elemento interesante para la redefinición del papel de las ONG y como un elemento, a priori, válido para lograr cambios en las estructuras empresariales.

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¿Marketing con causa?

Tenemos entre manos un debate realmente apasionante pero al mismo tiempo mediatizado por una gran carencia que tiene la sociedad: el hecho de desconocer realmente los planteamientos de acción social que tienen las empresas.
Porque lo anteriormente expresado sirve como punto de partida para poder contextualizar mi opinión, como es el caso, al proponerme analizar tres ejemplos diferentes para desarrollar este tema.
Es indudable que, a priori, la publicitación de acciones que tengan un beneficio social es positiva, por un lado para que la sociedad lo sepa, pero por el otro y quizás más importante, porque se pone en un brete al resto de empresas que puedan ser competidoras de la que la ha publicitado y les obligue a comenzar a pensar en esa variable, extendiéndose así este conjunto de acciones.
Pero esto por sí mismo no es RSC, porque el cambio en las empresas debe ser más profundo a la hora de interiorizar e incorporar en su estructura una apuesta real en este sentido y no solo realizar acciones puntuales.
Por otro lado nos encontramos con la utilidad meramente publicitaria de las mismas, con lo cual puede ser un mero lavado de cara de las empresas y, aunque una ayuda a un tema en concreto siempre es bienvenida, no ayuda en nada en la extensión de la progresiva implantación de la RSC.
Pongámonos en esta situación, una empresa colabora con una ONG, pero lo único que podemos conocer es la labor de esta última, no podemos valorar lo realizado por la empresa en el resto de desarrollo de su actividad de negocio.
Nos encontrarnos, efectuando un paralelismo, en la situación que se da cuando una persona da un donativo el día del cáncer y ya cree que ha hecho todo lo necesario. Lo que ha hecho está bien, pero si no lo aplica en su día a día lo podremos calificar como un hecho puntual positivo, o un primer paso si esto le ha hecho replantearse sus prioridades vitales, pero no como la circunstancia deseada ni óptima en la relación que deseamos que tenga para con la sociedad.
Y algo de todo lo anterior nos encontramos, a priori y sin profundizar en cada caso en particular, con los tres anuncios a los que he hecho mención al principio de este texto que voy a utilizar para desarrollar mi opinión en torno a este tema. Anuncios que voy a clasificar en base a unas características y circunstancias completamente diferenciadas.
Tenemos en primer lugar una iniciativa del Banco de Santander, con un departamento establecido para el cometido enunciado en el anuncio y con un carácter, por lo menos así se lo podemos presuponer, de intención de continuidad y que corresponde a una iniciativa que cuenta con el apoyo estructural y decidido de la compañía. El banco invierte en la sociedad pero puede recuperar su inversión, ya sea mediante capital humano (captando a potenciales buenos elementos para incorporarlos a su estructura), o bien mediante capital financiero (el hecho que se conceda la beca va a conformar al beneficiario y a su entorno como publicistas continuados en su vertiente más importante: el boca a boca en todo su entorno).
Por todo ello vemos como interactúa con su entorno social y obtiene unos beneficios de esta forma de interactuar, estando esta forma de actuación integrada  misma en su estructura.
En segundo lugar tenemos a la Caixa, dando a conocer su firma del Pacto mundial, es decir, está publicitando que adopta un compromiso con la sociedad y se pone en el punto de mira para que su actuación sea controlada en base a las pautas firmadas, con los posibles efectos adversos que le pueden suceder si no los cumple. Es una manera positiva de paliar las carencias de acceso a esta información que tenemos los ciudadanos a las que he hecho mención en un principio.
Y, por último, tenemos el caso de Avon, que se limita a publicitar que ha adoptado una acción concreta, en un tema concreto, para dar algo de dinero a una asociación concreta. Es decir, es la propia asociación la que va a realizar esta labor social, no la empresa.
La empresa lo que hace es dar a sus potenciales consumidores la posibilidad de comprar un producto, en vez de los de la competencia, para poder, aprovechando la buena causa planteada, penetrar más en el mercado e intentar fidelizar a nuevos posibles clientes.
La empresa es la que oferta la posibilidad de colaborar con una ONG comprando sus productos, a diferencia de las dos anteriores que no pedían nada a cambio, tan solo indicaban las acciones que han realizado para darlas a conocer a la sociedad (aunque no soy iluso y es evidente que van a intentar obtener réditos publicitarios con ello).
Este planteamiento de Avon me parece a todas luces un planteamiento oportunista y del todo rechazable desde la óptica de la RSC tal y como la entiendo yo.
Por lo tanto, volvemos a la pauta central que rige la vida, que no existen en muchas ocasiones ni blancos ni negros, sino muchas tonalidades de grises, y podemos clasificar estos tres ejemplos según esta valoración. La publicitación de acciones como estas es un motivo de aplauso si se adoptan, con conocimiento total de lo que implica, para adoptar compromisos y someterse al juicio de la sociedad como es el caso de la Caixa.
Es del mismo modo positiva si corresponde, como es el caso del Banco Santander, a una estrategia de implantación efectiva de la RSC y da a conocer sus acciones.Pero es del todo negativa y oportunista si se hace como en el caso de Avon.
Por lo tanto, según en que ocasiones, según en que contexto y según que intencionalidad tiene la empresa, podemos calificar esta forma de marketing de una manera positiva o negativa. Siempre hemos de mirar cada acción concreta, contextualizarla, analizarla y emitir, entonces, nuestro veredicto.

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Responsabilidad Social corporativa, ¿Se debe implantar por ley?

 Nos encontramos ante un tema, que como todos aquellos en los que se plantea la posibilidad de fomentar su implementación práctica de una manera más acelerada mediante la intervención de los órganos legislativos del Estado, suele plantear posiciones enfrentadas en si conviene su regulación o no y el cómo se plasma la misma.
En este tema en concreto, la posibilidad de una intervención política para lograr la regulación e implantación de la Responsabilidad Social Corporativa en las empresas, nos encontramos ante dos posturas diferenciadas:
Por un lado están quienes, ante una nueva forma de articular el papel de las empresas en el tejido social, y siendo todos los valores y acciones contemplados positivos para el conjunto de la ciudadanía, apuestan por una autorregulación en esta nueva manera de proceder en el mundo de los negocios. Esta autorregulación se basa en la responsabilidad como resello ético de la libertad de las empresas y propone la adhesión voluntaria de los diferentes actores (en este caso las empresas).
Para este colectivo la propia sucesión de acontecimientos es la que va a llevar al convencimiento de las empresas de adoptar estos valores y formas de actuar en base al hecho objetivo de mejorar en el objetivo último de toda empresa: maximizar la rentabilidad y, en consecuencia, los beneficios, adaptándose a los nuevos valores que son adoptados por los consumidores de sus productos y el propio entorno social en el que desarrollan su actividad.
Por otro lado se encuentran los que, coincidiendo en las bondades de la implantación de medidas para fomentar la adopción de prácticas acordes con los principios enunciados en la Responsabilidad Social Corporativa, priorizan la dificultad de una implantación rápida, efectiva y ordenada de todos estos supuestos y abogan por la regulación y reglamentación de obligaciones para con las empresas. De esta manera se lograría una implementación efectiva de la anteriormente citada RSC.
Ante esta situación creo necesario expresar lo que entiendo por la RSC. La RSC engloba un conjunto de diversas formas de actuación que las empresas, en muchos casos, ya estaban implementando en todas sus funciones empresariales. Esto me lleva a calificar a la RSC como un compendio de distintas reacciones de las empresas, concretadas en nuevas formas de funcionamiento, que se han producido ante las nuevas realidades generadas e impulsadas por el cambio social que han tenido las sociedades avanzadas en los últimos años, y que son en las que la empresa desarrolla su actividad principal. Es, en suma, un intento por unificar en una sola definición un conjunto de elementos diversos, aunque relacionados entre sí, en el marco de una nueva forma de hacer negocio.
Y ante esto nos topamos con un primer inconveniente, propio de cualquier cambio: su falta de definición efectiva.
A esta falta de definición se ha de sumar la falta de la elaboración de unos indicadores efectivos y la estandarización de los mismos, en la medida de lo posible, para poder tener de esta manera un instrumento eficaz para su posterior medición y seguimiento.
Evidentemente este es un extremo que se ha de abordar de inmediato y, por lo tanto, se debe proceder a definir y elaborar toda esta serie de instrumentos, unificados y aplicados en las diferentes legislaciones, para poder dar una visión global.
El conjunto de la ciudadanía debe disponer del derecho a tener acceso a indicadores fiables que permitan emitir un juicio acerca de una empresa concreta en relación a los diferentes grados de cumplimiento de los diferentes aspectos que abarcan la RSC, ya sea en un elemento concreto de la misma o en su totalidad, y ser capaz de contrastar esa información, mediante la utilización de los indicadores estandarizados mencionados anteriormente, con la empresa o empresas que estime oportuno.
Por lo tanto, y una vez cubierto el derecho al conocimiento de la situación de las empresas, que como agente social que son debe disponer la ciudadanía, abordamos el otro elemento de este debate al que ya he hecho mención anteriormente: la obligatoriedad de cumplimiento por parte de las empresas de unas normas de actuación relacionadas con la RSC.
Aquí nos encontramos con el eterno debate entre la obligatoriedad forzada de cumplimiento de unos códigos de conducta y el adoptarlos por el propio convencimiento de las empresas, que en suma son las personas que trabajan en las mismas.
Sí considero en este punto lo contraproducente que puede llegar a resultar el hecho de obligar a las empresas a adoptar unas maneras de funcionamiento de una manera forzada, cuando ni las personas que las integran, que constituyen la empresa realmente, no están preparadas ni receptivas a adoptarlos. Esta obligación podría conllevar la adopción de las mismas como un mero instrumento de imagen, no dando pié a uno de los elementos fundamentales de la RSC, la aportación voluntaria de las empresas por encima de las obligaciones reguladas.
Así pues la situación ideal es la de buscar el equilibrio, del mismo modo que ocurre con el mercado. No se puede dejar al mercado que se autoregule, pero tampoco puede ser intervenido de una manera total por las instituciones públicas, hay que hacer un intervensionismo, en la medida que sea necesario, y solo en las situaciones en las que así se requiera. Pero, eso sí, hay que dejar que, en la mayoría de las situaciones, funcione por sí mismo.
Por todo lo anterior puedo concluir afirmando que se debe optar por una respuesta que sea un intermedio ante las dos posturas, que he expresado de una manera simplificada al inicio de estas líneas. Esta afirmación la concreto en la obligatoriedad del desarrollo de unos indicadores, regulados por ley y de obligada publicación, que sean cuantificables de una manera efectiva, estandarizados a nivel internacional, y cuya cuantificación real sea realizada de una manera externa a la propia empresa para poder conocer así su situación concreta.

Responsabilidad Social Corporativa

Estado de la RSC en el mundo

Este es un título pretencioso para  las siguientes líneas, que no intentan más que ser una breve reflexión acerca del estado actual de la RSC en el mundo.

Y para comentar la situación de la RSC hemos de partir de un hecho: la diferencia en la que se entiende el mismo concepto a lo largo y ancho del planeta.

Digo esto porque es indudable que la RSC no puede ser ni entendida ni valorada de la misma manera en los diferentes lugares del globo. La situación existente en cada País, y lo que se entiende por RSC en ellos, está directamente relacionada con la propia situación económica y de desarrollo social existente en los mismos.

Porque es un hecho cierto, y obvio, que no todos los Países se encuentran ni en la misma situación económica ni social, lo que produce un cambio en la situación en la que viven los habitantes de los diferentes Países, que son los que realmente los conforman, y emiten una opinión acerca de su percepción de la RSC.

Así pues quiero remarcar un elemento fundamental, y central, antes de proceder a continuar con este tema: la situación económica y social de los habitantes de cada País. La distancia en estos términos existente entre los ciudadanos residentes en los Países desarrollados y en los que están en vías de desarrollo marca en gran medida lo que esperan de las empresas en las maneras de proceder en la relación con el entorno que les rodea.

Afirmo esto porque las empresas en los Países avanzados tienen unas maneras de proceder en aspectos que aquí consideramos básicos, por ejemplo en las cuestiones laborales y en el respeto de los derechos de los trabajadores, que no se ven realizadas de una manera similar en los Países en vías de desarrollo.

Las empresas deben recorrer en los Países en vías de desarrollo un camino que ya está recorrido en los Países avanzados, fundamentado principalmente por las exigencias que realicemos los residentes en los Países avanzados.

Y a lo largo de este camino se ha de conseguir que los derechos de los trabajadores y de la sociedad de su entorno sean respetados, en que se proceda a tener un mayor respeto del medio ambiente… en definitiva, que se recorra un camino en el que los múltiples elementos que conforman la RSC tengan un recorrido de desarrollo, ya sea de manera conjunta o de manera individualizada, en base a la situación existente en la actualidad.

En la medida que se den estos pasos, los ciudadanos de los diferentes Países van a ver mejorado su nivel de vida, comenzando de esta manera a dar importancia a la RSC. El nivel de vida y las capacidades adquisitivas de los ciudadanos de un País son otro elemento central para comprender la situación de la RSC en los mismos, ya que en la medida que estos aumentan ven las virtudes de la RSC y las comienzan a valorar en mayor medida.

Esta misma manera de comportamiento es extrapolable a la petición de una regulación por ley de la misma.

Así pues es los Países desarrollados deben ser los que, por los motivos que acabo de comentar, lideren la implantación de la RSC. Y en estos Países nos encontramos con que la sociedad no termina de ejercer la labor fiscalizadora que debe realizar para con las empresas.

Los ciudadanos sí son capaces de mirar la situación en la que se encuentran distintos sectores en aspectos concretos, pero no llegan a identificar de una manera individualizada el papel de las diferentes empresas.

Quiero decir con esto que nos podemos encontrar con la aprobación o suspenso en la actitud general en un aspecto concreto de la RSC, por ejemplo en el medioambiental, de un sector de actividad, pero al no procederse por parte de los consumidores a identificar y a valorar la labor realizada por una empresa en concreto en este mismo ámbito (salvo situaciones concretas, claro está), no se procede a penalizar los malos comportamientos individuales.

De esta manera la presión social que pueden someter los consumidores sobre las empresas se diluye, y las empresas no ven necesario el modificar su comportamiento.

Por todo ello, considero que una de las labores que queda pendiente es la de facilitar información concreta a la sociedad para que pueda realizar esta labor, porque la RSC ha llegado a un límite. Ha llegado a un límite en los Países desarrollados, donde la población se muestra muy escéptica ante las posturas que adoptan las empresas en materia de la RSC y el porqué de las mismas actuaciones.

La ciudadanía considera a las empresas lejanas en el conocimiento de la conciencia social y medioambiental de la población y  presuponen para con ellas una motivación espuria, cuyo trasfondo es el de mero marketing.

Solamente una apuesta concienciada, firme y estructural de las empresas puede ir modificando esta percepción de unos ciudadanos que ya se encuentran en estos momentos a la defensiva.

Y es en este momento donde llegamos al elemento central que marca la situación de la RSC a nivel mundial, sobre todo en los Países desarrollados que ya he comentado anteriormente que son la clave para su expansión: la comunicación, y concretamente los medios de comunicación de masas.

Si se ha producido un cambio radical en los últimos años ha sido el desarrollo de los medios de comunicación de masas, a los que los ciudadanos dan más importancia, y sobre todo más veracidad, que a cualquier otro tipo de información.

Es por ello que si las empresas quieren comunicar sus acciones, estas deben pasar a través de los medios de comunicación para que les aporten el marchamo de veracidad, objetividad y externalidad de la fuente de origen que se precisa para intentar contrarrestar el escepticismo señalado anteriormente (aunque queda claro para mí que en muchos casos esto no es realmente así y se reduce a una mera apariencia).

En la medida que se consiga incorporar la prioridad de la RSC en la agenda de las empresas, y que los medios de comunicación se hagan eco de las acciones que se desarrollen en este ámbito, más fácil va a resultar socializar de una manera efectiva tanto el término como el debate de su conveniencia o no, al tiempo que se va a lograr conformar una masa crítica de consumidores que prioricen estos comportamientos.

Al analizar este punto nos encontramos con la propia conveniencia que las empresas encuentren de lograr este cambio ya que, en muchos casos, las propias grandes empresas son las accionistas de los medios de comunicación de masas. Por ello, son los medios de comunicación de masas con capital público, así como los cada vez más influyentes medios de comunicación alternativos a través de las TIC-s los que deben ser los encargados de realizar esta labor. Pero bien sea por lo limitado de su difusión, en el caso de los medios de comunicación basados en las TIC-s, o bien por la falta de implicación de los medios de comunicación públicos y los gobiernos por otro, esta es una vía, de momento, limitada.

Pero ante esta situación se ha de contraponer otro hecho, como es el repunte que el interés para con la RSC está teniendo en EEUU. Este es un elemento importante por la importancia que tienen los medios de comunicación americanos a la hora de marcar tendencias en los temas a tratar por el resto del mundo, así como la exportación de su cultura al resto de Países.

Estados Unidos se ha convertido en el referente cultural para la mayor parte del mundo, por lo que si se introduce de una manera conveniente en la agenda de las empresas americanas la RSC y los medios de comunicación de ese País ven una posibilidad de desarrollar las informaciones referidas a este tema, en base a los criterios de preferencia de su audiencia, sería un elemento muy positivo que tendría una repercusión en el resto del planeta.

Con todo lo anterior no hago más que referirme a la “americanización” de todas las sociedades y, por lo tanto y sin obviar a los mercados emergentes de China y la India, marcar a nivel mundial como objetivo Estados Unidos como lugar principal en donde incidir con la política de expansión de la RSC.

Por lo tanto, puedo afirmar que la RSC es comprendida de manera diferente en los distintos Países, que esta comprensión del término está muy marcada por la situación económica y social de sus ciudadanos y que hay que lograr más implicación, concienciación y proactividad de los mismos en su rol de consumidores. Hay que destacar que son los Países desarrollados los que deben servir de tractor del resto de Países.

Este cambio de forma de proceder de los ciudadanos se ha de lograr utilizando los medios de comunicación de masas, principalmente centrándose en la implicación de los Estadounidenses por su importancia, al tiempo que se logra salvar las reticencias de los mismos, motivadas por la utilización hasta la fecha de elementos de la RSC por parte de las empresas como mera publicidad.

Y, refiriéndome a la propia situación de la RSC, no puedo más que concluir diciendo que la multitud de situaciones, la casuística, es tan amplia que no vale una regla general, hay que desarrollar estrategias y diagnósticos propios para cada zona, al tiempo que lo máximo que se puede afirmar son pautas globales que dan una visión general.

Visión general que no es unitaria, sino múltiple y diferenciada, por lo que no caben recetas mágicas y sí flexibilidad, adaptación y tener claro que un modelo que funciona, no por ser trasladado miméticamente a otra realidad, tiene porque seguir funcionando igual de bien.