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oct 15

Debate de la Proposición de Ley Orgánica de reforma de la Ley Orgánica 2/1979, de 3 de octubre, del Tribunal Constitucional, para la ejecución de las resoluciones del Tribunal Constitucional como garantía del Estado de Derecho.

El señor UNAMUZAGA OSORO: Muchas gracias, señor presidente.

            Señor Barreiro, ¿de qué legalidad me está hablando usted? Es que estoy un poco perdido, porque ustedes son los primeros en incumplir la legalidad, y este mismo martes hemos tenido un ejemplo de ello cuando ustedes han votado en contra del cumplimiento del Estatuto de Autonomía de Gernika, de nuestra autonomía vasca, votaron que no lo van a cumplir —no lo han cumplido, no lo cumplen, no lo van a cumplir—. Entonces, si eso no es incumplir su legalidad, apaga y vámonos. Es decir, todo su argumento posterior, a pesar de que usted sea un muy alto orador, se cae por su propio peso.

            Ya que estamos ante un tema que por mucho que ustedes se empeñen en decir que es un tema jurídico, no lo es, ya que es un tema político el que nos trae, permítanme que les lea un pequeño artículo de opinión que redacté el 10 de noviembre, un día después de haber tenido la gran suerte de poder estar como observador en el ejercicio de libertad y democracia que supuso la consulta del 9 de noviembre celebrada en Cataluña. Espero que por lo menos, en esta mi última intervención en esta Cámara, este artículo les dé un poco que pensar, aunque tengo que reconocerles que no tengo muchas esperanza de ello. Quiero leerlo, porque estos —el poner urnas, posibilitar votar, profundizar en la democracia, el escuchar a la ciudadanía—, y no otros, son los verdaderos motivos de estar tratando hoy esta proposición de ley en el Senado.

            El artículo tenía y tiene el título “Una sociedad que quiere terminar con la transición inacabada” y decía: Es complicado explicar lo vivido el 9N en Cataluña. Hoy sigo sin terminar de digerir todo lo vivido, todo lo sentido y, especialmente, todo lo aprendido.

            Llegamos el viernes 7 a Barcelona, y tuvimos la oportunidad de asistir al último acto de campaña de Unión Cultural y de la Asamblea Nacional Catalana, un acto organizado por dos organizaciones sociales con gran influencia política, pero sin ser políticas. Este es un elemento central y muy importante para poder comprender lo ocurrido en estos últimos años en Cataluña.

            El final del acto reflejó cuál ha sido el papel de la sociedad y cuál el de los políticos en todo este proceso. Los organizadores invitaron a los partidos a subir al escenario, y los partidos subieron al escenario, pero lo hicieron para ponerse detrás de los representantes de la organización, dejando claro el protagonismo de la sociedad.

            En el proceso catalán se han aunado dos circunstancias: una sociedad activa y una clase política que ha dado la talla. El proceso no ha surgido, a diferencia de lo ocurrido con el Plan del Gobierno Vasco —también conocido como “Plan Ibarretxe”—, de arriba hacia abajo, sino que los partidos están transmitiendo, tomando y ejecutando los pasos que deben de dar en conjunción con las demandas de los agentes sociales, que son capaces de aglutinar en su seno a la mayoría política y social de la sociedad catalana.

            Es por ello por lo que no nos encontrábamos ni nos encontramos ante un nuevo “plan Más”, a la imagen y semejanza del anteriormente especificado “plan Ibarretxe”, sino que nos encontramos ante algo mucho mayor y mucho más profundo.

            La sociedad catalana ha demostrado ser una sociedad madura, organizada y determinada pacífica, cívica y democráticamente a cambiar las cosas. Una revolución que va quedando cada vez más al descubierto, pero con una serie de elementos que la hacen diferente a todo lo que ha vivido el Estado español después de la mal llamada transición. Una revolución en positivo, que ejerce la resistencia civil cuando se ve amenazada, pero siempre desde la construcción, el positivismo y la certeza cierta de que no va contra nadie ni contra nada.

            Y este es el principal elemento a tomar en cuenta, vistas las reacciones que se dan desde el Gobierno del Estado, que no son más que infravaloraciones, insultos, amenazas, acusaciones, coacciones —justo completamente lo contrario de lo que se plantea desde la sociedad catalana—.

            La ciudadanía catalana aspira a lo que en otros territorios europeos se puede hacer sin mayor problema: votar, decidir sobre su propio futuro, sus aspiraciones, de una manera cívica, libre, ordenada, pacífica y democrática.

            Porque este es el meollo de la cuestión: estamos hablando de profundizar en el verdadero concepto de la democracia, en la verdadera democracia frente a otras concepciones que basan toda la esencia democrática en un texto aprobado en un momento histórico en el que no hubo libertad para ejercer la capacidad de decisión, que no se pudieron plantear alternativas, que no se pudo elaborar un marco que no estuviese condicionado y bajo la tutela del régimen franquista y que fue presentado, simple y llanamente, como un lo tomas o lo dejas.

            A lo que estamos asistiendo es a la continuación de este debate inacabado, este debate que los unionistas quieren dar por interesadamente por cerrado, pero que realmente sigue más abierto y vigente que nunca; esta transición inacabada sigue más abierta y vigente que nunca.

            Y en este contexto se me hace imposible explicar a ninguna persona que no haya estado en los colegios electorales de Cataluña el pasado domingo lo que tuve la suerte de ser partícipe: vivir el ambiente, sentir la emoción en la sociedad, en las personas, ver la ilusión por votar, constatar que hay mucha gente que ha vuelto a encontrar un engarce para comprobar que su voto y su participación realmente son imprescindibles, necesarios y decisivos. Una gran celebración de la democracia, en definitiva, que movilizó en unas condiciones realmente adversas a más de 2 300 000 catalanes y catalanas y que nos vuelve a demostrar que si empoderamos a la sociedad, si le damos la posibilidad de decidir sobre las cosas realmente importantes, se vuelcan, aportan y vuelven a sentir las mismas sensaciones que sintieron hace casi 40 años en las primeras votaciones realizadas tras la muerte del dictador genocida Francisco Franco. Y una sociedad involucrada, convencida, determinada, militante y consciente, como ha demostrado ser la catalana, es, por mucho que no lo quieran ver algunos desde Madrid, imparable.

            Esas fueron mis reflexiones ante lo que estaba ocurriendo en aquel momento, y por todo ello Euskal Herria Bildu, Amaiur, todos los partidos que conformamos esta coalición, y me atrevo a decir que en nombre de una gran mayoría de la sociedad vasca, mostramos nuestro respaldo, apoyo, compromiso para con el ejercicio efectivo del derecho a decidir del pueblo catalán. Y del mismo modo queremos expresar todo nuestro respaldo, apoyo y compromiso con el president Mas, que ha comparecido hoy en sede judicial, y con Joana Ortega e Irene Rigau, que lo hicieron antes de ayer, en una utilización torticera de la justicia, con fines políticos, con una legislación elaborada ad hoc, que deja muy a las claras cuál es la concepción de la democracia del Gobierno del Estado español y del partido que lo sustenta, el Partido Popular. La democracia les vale siempre que solo se pueda hacer lo que ustedes quieren dejar que se haga. Pero lo saben, señores y señoras del Partido Popular, en el fondo lo saben, es imposible poner puertas al campo, y Cataluña será lo que la mayoría de sus ciudadanos y ciudadanas decidan, ni más ni menos, porque nada ni nadie puede impedir que Cataluña ejerza libre y democráticamente el derecho a decidir.

            Mila esker. Muchas gracias.

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