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nov 26

Debate de los Presupuestos del Estado para el 2015

El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, senador Iglesias.
​La propuesta de veto número 3 ha sido presentada por los senadores Aiartza, Goioaga, Mendizábal y Unamunzaga.
​Para su defensa, tiene la palabra el senador Unamunzaga.

​El señor UNAMUNZAGA OSORO: Muchas gracias, señor presidente.
​Señorías, un año más, nos encontramos ante la misma situación, unos presupuestos, los últimos de esta legislatura, que vuelven a traer a nuestra mente un déjà vu que nos hace revivir un año más el Día de la Marmota. Un año más, consigue ratificar nuestra impresión de que es difícilmente posible tener dos visiones tan contrapuestas de la misma realidad, como es la que tiene, por un lado, el Gobierno del Partido Popular, y, por el otro, la que tiene Amaiur. La visión de un Gobierno que sigue anclado en una mayoría absoluta, obtenida de forma coyuntural, pero cuyo engarce con la realidad actual existente en Euskal Herria, cuyo engarce con la realidad de las diferentes naciones existentes en el Estado y cuyo engarce con el resto del Estado es prácticamente nulo.
​Abordamos este trámite con la misma sensación de revivir una y otra vez el Día de la Marmota, ya que volvemos a asistir, un año más, al debate de una iniciativa legislativa con la peor acepción de la palabra trámite, incluida dentro del concepto de trámite parlamentario, entendido por este Gobierno como un paso obligado, un paso forzado, un paso entendido más como un estorbo que como otra cosa, que parece que es lo que supone el paso de los proyectos de ley por esta Cámara, supuestamente denominada Cámara Alta. Una Cámara Alta que se confirma de esta manera como la mejor definición existente del concepto de imperfección; un concepto de imperfección comprendido dentro de la definición de sistema bicameral imperfecto, como es definida en ciencia política la actual estructura del Estado.
​Pero, dejando a un lado el contexto en el que se está debatiendo, quiero profundizar en el proyecto de presupuestos que nos ha traído su Gobierno. Mi compañero, Rafael Larreina, le citaba en el primer acto de este trámite que tuvo lugar en el Congreso, una cita de Thomas Picketty que contextualiza muy a las claras una de las realidades que debemos abordar en estos momentos, pero, sobre todo, plantea uno de los retos futuros que nos esperan. Thomas Picketty, en su libro El capital en el siglo XXI, efectivamente, plantea una reflexión importante, que es la que va a estar encima de la mesa en los próximos años en el ámbito mundial, pero, sobre todo, y esto es lo importante, en el ámbito llamado occidental o de la Unión Europea, y me estoy refiriendo, concretamente, a la desigualad. Thomas Picketty subraya, entre sus reflexiones, que hay que olvidarse de ese mantra tan extendido entre algunas formas de pensamiento de que los mecanismos políticos y económicos habituales van a conseguir el objetivo de lograr una menor desigualdad, y afirma esto diciendo textualmente, y se lo voy a leer: Hay que olvidarse de todo determinismo económico, a la hora de abordar la desigualdad. La historia de la repartición de la riqueza es siempre una historia profundamente política y no se puede reducir a los mecanismos puramente económicos. La realidad de las desigualdades observadas en los países desarrollados es fruto de las decisiones políticas en materia fiscal y financiera.
​Y mi compañero leyó esta cita porque se sigue constatando una verdad: en todas sus intervenciones siguen huyendo de este principio. Siguen sin afrontar este hecho que se está mostrando como incontestable ante la terquedad de la realidad, ya que por mucho que se diga, se reflexione o se plantee, la realidad siempre es muy tozuda. Y les voy a empezar dando la razón en la respuesta a la pregunta: ¿en estos momentos hay crecimiento? Pues, sí, señor ministro, efectivamente, hay un leve crecimiento. Pero la preocupación para nosotros, para Amaiur, es otra −y aquí viene el engarce con la cita de Picketty−: cómo se reparte ese crecimiento. Y de ahí viene nuestro principal motivo a nuestra oposición a estos presupuestos y, tal y como hemos defendido desde esta misma Tribuna, nuestra reiterada y firme oposición a toda la política presupuestaria que ha desarrollado el Partido Popular en estos tres últimos años.
​Analizando lo que ha pasado, observamos que los presupuestos anteriores han contribuido a incrementar la desigualdad en el seno de la sociedad del Estado español y en el seno de cada una de las naciones sin Estado que existen en el Estado español. Esta afirmación es real y viene confirmado por los datos. Se lo hemos dicho en reiteradas ocasiones y también en el debate presupuestario el año pasado y en nuestras intervenciones, tanto en el Congreso como en el Senado, pero lo vamos a volver a repetir hoy. Hemos de remarcar con total claridad, por ejemplo, que en el informe de la riqueza mundial elaborado por Credit Suisse, aparece el dato de que el número de millonarios, personas con un patrimonio de, al menos, 1 millón de dólares, crece en el Estado español el doble de rápido que en el mundo, alcanzando entre mediados del año 2013 y la primera mitad de 2014, un fuerte incremento del 24%, llegando a la cifra de 465 000 personas. Y contrapuesto a este dato, nos encontramos con el informe Foessa, del año 2014, Precariedad y Cohesión Social, en el que podemos leer que las personas que no padecen ningún problema de exclusión social se han convertido en una estricta minoría en el Estado español y que la fractura social entre aquellos que se encuentran en la franja de integración y en situación de exclusión se ha ampliado de una manera muy importante.
​Del mismo modo, nos encontramos ante el dato incontestable de que las remuneraciones de los asalariados sobre el producto interior bruto han cedido desde el año 2010 más de 2,5 puntos a las rentas de la propiedad y a las rentas mixtas. Y este es un dato que permanecía estable, con leves fluctuaciones inferiores a 1 punto desde hace décadas. Es decir, pasando de las cifras de su interpretación, resulta más que evidente que se ha incrementado de forma importante la desigualdad desde el año 2010.
​De manera simultánea, se ha producido una agudización de las diferencias de renta entre los hogares del Estado español hasta convertirse en uno de los Estados de la Unión Europea donde la renta se reparte de forma más inequitativa. Nos enfrentamos a la realidad de que solo Bulgaria y Letonia presentan indicadores de desigualdad más altos.
​Otro indicador más que reafirma esta afirmación que estamos realizando de incremento de la desigualdad en el Estado es que la diferencia entre la relación entre la renta que acumula el 20% más rico de la población y la del 20% más pobre ha crecido más del 30% en los últimos años. Y, a lo anterior, hemos de sumar que, si tomamos los datos de la encuesta de condiciones de vida, vemos que mientras el grupo de la renta baja ha pasado de concentrar el 32% a concentrar el 40% de la población, el grupo de la renta media pasa del 60% al 52%, esto es, va disminuyendo y, sin embargo, el más rico ha sufrido pocas modificaciones en su peso y ha pasado escasamente del 9% al 8%. Y continuando en la misma línea, los datos de Eurostat nos demuestran que la tasa de pobreza en el Estado español está en el 28,2%; la tasa de pobreza infantil se sitúa en el 19,4%, y el riesgo de pobreza a los menores de 18 años alcanza el 29,9%.
​Señorías, este es el resumen del resultado de la política presupuestaria, de la que hace gala el proyecto de presupuestos que nos han presentado para el próximo año 2015, que son una continuidad de los presupuestos presentados en años anteriores y que, por lo tanto, van a seguir en la misma línea de profundizar en la desigualdad, a la vez que se sigue debilitando poco a poco el sistema de protección social, recortando derechos sociales y siendo ineficaz a la hora de dar respuesta a los grandes problemas estructurales del Estado español. Y esta y no otra es la raíz.
​Y vamos a analizar los grandes problemas estructurales del Estado español, ya que este es el principal problema de estos presupuestos. El principal problema estructural que tiene el Estado español es su estructura de ingreso y de gasto; y los últimos datos del informe de la Unión Europea son muy claros cuando establecen unas diferencias importantes entre la media de gasto público del Estado español y el de la eurozona. En gasto público del Estado español está en 5,1 puntos por debajo de la media de la eurozona; y en ingresos públicos está 9 puntos por debajo de la eurozona. Y ya se lo dijimos en años anteriores, pero vamos a insistir en esta idea: este es el principal problema de estos presupuestos. El Gobierno al que ustedes representan no ataja el problema estructural que supone el fraude fiscal; un fraude fiscal de proporciones mayúsculas; y, junto al fraude, un elemento directamente relacionado, cómo incrementar los ingresos. El Estado está a la cola de la Unión Europea en la recaudación del IVA sobre el producto interior bruto, del mismo modo que está a la cola del impuesto de sociedades en ese mismo concepto. Y esta es una situación que realmente no tiene ningún sentido. El problema del Estado español no está en el gasto público, ya que, tal y como hemos visto ahora mismo, el gasto público está muy por debajo de la media de la Unión Europea; el problema está en el ingreso, donde se está todavía mucho más por debajo de la media de la Unión Europea. Y tampoco tiene ningún sentido —aunque valoremos el hecho de que las grandes empresas pasen de pagar del 3% al 9% en el tipo efectivo en el impuesto de sociedades— que los mileuristas paguen alrededor de un 12 o de un 13 % de su declaración de la renta. Sí, reconocemos que es un pequeño avance pasar del 3 al 9%, pero es una injusticia escandalosa que los mileuristas paguen el 12 o el 13%.
​Del mismo modo, afirman que estos presupuestos son los de la competitividad, pero en realidad tampoco abordan esta cuestión. Los problemas de competitividad no son los costes labores salariales, sino que está en los costes laborales no salariales, donde encontramos una diferencia con respecto a la media europea; y fundamentalmente están localizados en dos elementos, como son el precio de la energía o las dificultades de acceso al crédito por parte de las pequeñas y medianas empresas. Y, efectivamente, estas dificultades siguen estando vigentes, a pesar de que, teóricamente, tendría que haber una mayor disponibilidad; pero esa disponibilidad, gracias a la acción del Banco Central Europeo, no está a la economía real, que es la que realmente lo necesita.
​Y estos presupuestos no avanzan en esa línea, en favorecer a la economía real, porque realmente están más pendientes de los grandes grupos empresariales y financieros que de la economía real. La sociedad no entiende que el Gobierno esté más pendiente de los intereses de las multinacionales que, por ejemplo, del recibo de la luz; precio que ven que sube escandalosamente y nadie entiende el porqué. Tampoco entienden, entre otras muchas cosas, por ejemplo, que el precio de los productos petrolíferos no descienda, a pesar de que el precio del crudo ha descendido un 18% en el último año. Pero ese y otros descensos nunca repercuten en la ciudadanía sino en los grandes beneficios de esas grandes empresas.
​Cuando el presidente del Gobierno recibe a los grandes sectores económicos, y habitualmente recibe a las grandes empresas, esas grandes empresas que han tenido una implicación muy directa en la burbuja inmobiliaria, que han tenido una implicación muy directa en todo el origen de la crisis, en todo el problema financiero, las grandes empresas eléctricas, bancarias y constructoras —y va con ellas Estados Unidos— al final, la ciudadanía lo que ve es que el Gobierno está más pendiente de sus intereses que los de la mayor parte de la sociedad; y ahí está la cuestión.
​La sociedad también observa como este Gobierno, con estos presupuestos, no mete en cintura a los grandes grupos económicos y financieros y no tiene una mayor proximidad y agilidad a la hora de responder a las necesidades y urgencias de la mayoría de la población; necesidades y urgencias que genera la desigualdad que exponíamos al inicio de nuestra intervención. En el debate entre el cemento y el gasto social, este Gobierno se inclina siempre más por el cemento que por el gasto social. Si bien, le reconozco que el gasto social se ha incrementado respecto del año anterior y aunque tendríamos que examinar, no olvidar y tener en cuenta lo que ha ocurrido en toda la serie de años anteriores en este punto, la realidad es que ustedes siguen apostando por un gasto en cemento que muchas veces es tan improductivo como irracional. Por ejemplo, quiero destacar, entre otros casos, que el presidente de ADIF afirmaba que la red de alta velocidad que se está montando en el Estado español es literalmente de locos.
​Estamos en un Estado que es uno de los de la Unión Europea que tiene más kilómetros de tren de alta velocidad, pero muchos de ellos son innecesarios, muchos de ellos son superfluos. Este planteamiento es irracional. Este es solo uno de los múltiples ejemplos con los que nos encontramos. Señor ministro, hay demasiado dinero para el tren de alta velocidad y no hay dinero para las necesidades básicas. En estos tiempos de crisis este Gobierno se ha encontrado frente a una dicotomía entre la que tenía que elegir, o más cemento o más gasto social. Y ya vemos cual ha sido su elección. Han seguido apostando por el cemento. Y es que estos presupuestos siguen dando la espalda a la realidad de Euskal Herria y, por eso, nosotros seguimos reivindicando la necesidad de tener en nuestra mano todos los instrumentos de soberanía para gobernarnos, precisamente para tener presupuestos que sean eficaces para abordar la cuestión fundamental en entre siglo, la desigualdad, para conseguir que la relación entre la ciudadanía sea mucho más justa, que haya menos diferencia entre los más ricos y los más pobres y que, al final, los presupuestos sean un fiel instrumento —como dice Thomas Piketty— para avanzar en esa reducción de las desigualdades de cara a conseguir una sociedad más cohesionada, una sociedad más justa y una sociedad más libre. Pero en lugar de dedicar sus energías a lograr este objetivo, lo que está ocurriendo es que el Estado, dirigido por el gobierno actual, dedica todas sus energías a intentar impedir el derecho a decidir de Cataluña, el derecho a decidir de Euskal Herria, el derecho a decidir de Galicia; es decir, las diferentes naciones sin Estado que están dentro del Estado español. Dedican sus esfuerzos a combatir ese derecho a decidir, a combatir ese derecho democrático, a combatir los intentos de profundizar en la democracia en vez de utilizar todas sus energías para combatir los problemas estructurales del Estado español que les están llevando a ser un Estado fallido desde el punto de vista económico, social y político.
​Estos problemas estructurales a los que me refiero son el incremento de la pobreza, con ese componente especial de incremento de la pobreza infantil, esas altas tasas de paro, sobre todo el paro juvenil que le sitúa en la cabeza de la Unión Europea, la lacra social que es el fraude fiscal, que es otra forma de corrupción, la corrupción, que es estructural, que es sistémica dentro de esta sociedad y afecta a gobiernos centrales, autonómicos, ayuntamientos, grandes partidos y sindicatos y florece literalmente por todos los lados. Y frente a ello nosotros reivindicamos el derecho de Euskal Herria a gestionarse por sí misma y a ejercer su soberanía para lograr ser un país justo, un país en el que el Estado del bienestar esté garantizado, un país que contribuya a hacer una Unión Europea más justa, más equitativa y también más libre. Planteamos todo esto en vez de reforzar estructuras del Estado que —como decía antes— están contribuyendo a que el Estado siga en ese camino que les lleva a ser un Estado fallido desde todos los punto de vista.
​Para finalizar les quiero decir que desde la reivindicación de Euskal Herria queremos también ser solidarios con el Estado, planteándoles, tal y como hemos hecho, la reflexión sobre sus problemas estructurales para ver si ustedes son capaces de reaccionar y darles una respuesta. Pero mucho me temo, visto lo visto, que no va a ser el caso.
​Mila esker. Muchas gracias.

​El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, senador Unamunzaga.

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