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jun 18

La Ley de Abdicación en el Senado

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Pasamos al turno de portavoces. Por el Grupo Parlamentario Mixto, tiene la palabra el senador Unamunzaga.

El Señor UNAMUNZAGA OSORO: Muchas gracias, señor presidente.

Señorías, nos encontramos debatiendo un proyecto de ley orgánica porque se regula,  teóricamente, que el ciudadano nacido en Italia, Juan Carlos Alfonso Víctor María de Borbón y  Borbón-Dos Sicilias, hace efectiva su abdicación como rey de nuestro país vecino; cargo para el  que fue nombrado por la gracia de Dios, la legitimidad divina y el aval mostrado por parte del dictador genocida Francisco Franco.

Un nombramiento aprobado sin haber sido posteriormente ratificado expresamente por la sociedad; un nombramiento disuelto y envuelto hace cuarenta años en un pack, a modo de trágala, en un todo, y como un «lo tomas o lo dejas», en torno a una formulación, como es la Constitución, a la que hoy en día se intenta poner la máxima de que todo lo que no está recogido en ella se coloca automáticamente fuera de la democracia.

Y por ello nosotros no vamos a tomar parte en esta farsa; no vamos a respaldar con nuestra participación este sistema que no es el nuestro y que está maquillado con una apariencia formal de ser un sistema plenamente democrático.

Quiero recordarles que en Euskal Herria, su Constitución no contó con el refrendo mayoritario; quiero recordarles que han pasado cuarenta años; quiero recordarles que la mayor parte de la ciudadanía vasca actual no tuvimos la posibilidad de expresar nuestra postura en relación con este texto; un texto que ahora se intenta vender que es inmutable, que es atemporal, perfecto y eterno.

Y en Amaiur, ante este inmovilismo, apostamos por dar la palabra a la sociedad vasca, apostamos por profundizar en la democracia articulando el derecho a decidir y planteando, en nuestro caso, como propuesta la Constitución de la primera república vasca, frente a lo que nos supone permanecer en este régimen, frente a lo que nos supone jugar en campo de juego ajeno, con reglas ajenas y con árbitro casero.

Por todo lo anterior, queda claro que de lo que de verdad estamos debatiendo es de un símbolo. Estamos debatiendo sobre el símbolo máximo de una etapa de nuestra historia, de una etapa que ha durado casi cuarenta años; cuarenta años en los que se ha profundizado en la máxima de «todo para el pueblo pero sin el pueblo»; se ha profundizado en el hecho de que unas
elites sean las encargadas de tomar las decisiones.

Se ha posibilitado decidir sobre temas importantes, sí, pero filtrando y señalando de antemano cuáles son, dejando decidir, no sobre el conjunto, sino sobre los temas que se quiere dejar decidir, hurtando a la sociedad su derecho a decidir. Una mal llamada Transición, en la que no se pudo debatir con libertad sobre todo, en la que no se pudo dar la palabra a la ciudadanía vasca para que escogiese libremente sobre su futuro y su forma de autoorganización, poniendo y proponiendo diferentes opciones sobre la mesa.

Y este veto al derecho a decidir, implementado por el sistema, se sigue manteniendo, y lo que es peor, se quiere intentar perpetuar; porque esto es lo que supone este proyecto de ley: un movimiento precipitado, improvisado, hecho deprisa y corriendo para que, bajo la apariencia del cambio, se consiga todo lo contrario, que las cosas sigan igual, que esta situación de falta de democracia se perpetúe, que el propio sistema se mantenga.

Y estamos debatiendo sobre una figura que también es un símbolo para el pueblo vasco, un símbolo de una de las mayores estafas, como fue la Transición. Cuarenta años después así estamos, así seguimos, sin poder articular el derecho a decidir del pueblo vasco.

De esto estamos hablando realmente hoy, señorías, de la Corona, de la Constitución, del propio sistema vigente como símbolo de la negación de los derechos de los vascos, de los derechos de las diferentes naciones que existen en el Estado español; estamos debatiendo sobre el intento de que todo siga igual bajo la apariencia de un supuesto cambio y estamos hablando de que el régimen imperante hace este movimiento para perpetuarse y mantenerse en el poder, haciendo caso omiso a las demandas sociales de profundización en la democracia, de articular la voluntad real de los pueblos; en una palabra, se rechaza realizar el camino hacia una democracia plena.

Porque la sociedad no es menor de edad, señorías, no necesita de ningún tutor que decida por ella. La sociedad tiene voz, opinión, capacidad de obrar, de decidir y de optar, y quiere ejercer estas capacidades —y no me vengan ahora con que lo hace cada cuatro años; estamos hablando de algo muy diferente, de algo que afecta a la base de todo el sistema—, y las quiere ejercer en sus respectivos ámbitos de decisión, en sus diferentes realidades nacionales, sobre las diferentes demandas que existen en cada realidad dentro del Estado, que no es la nación española única e indivisible que quieren vender ustedes.

Las leyes, los sistemas, los marcos legales, por mucho que se empeñen, no son inmutables; se amoldan, cambian y se adaptan a las realidades sociales.

Señoras y señores del Partido Popular, recuerden la cita de Montesquieu: «Una cosa no es justa por el hecho de ser ley. Debe ser ley porque es justa.»

Por todo ello, y dado que en Euskal Herria todavía no se han podido pronunciar sobre ellas, voy a terminar con dos proclamas, con dos reivindicaciones que siguen más vivas que nunca después de cuarenta años: Gora Euskal Errepublika! Gora Euskal Herria Askatuta! (Rumores).

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